Nos enteramos de que un buen amigo de esta casa, Martín Bodas, en una charla informal había definido nuestro estudio como “plantista”. Un neologismo certero, que describe acabadamente nuestra manera de proyectar, y que, por supuesto, tomamos como un elogio. En tiempos de volumetrías desbordadas, y muchas veces frívolas, nosotros reafirmamos nuestra fe bidimensional. Creemos firmemente que las virtudes de una planta, finalmente, se transmiten al resto del proyecto, en lo formal, en lo constructivo y también en lo económico. Sí, somos orgullosamente “plantistas”.
La disposición de la planta quebrada, en referencia al paisaje propio de la geografía de montaña, disminuye la linealidad de los pasillos, y su distribución en bloques separados permite entradas de luz que irrumpen en los recorridos permitiendo grandiosas vistas hacia ambos lados.
Construidas con una estructura metálica montada sobre un basamento comercial en hormigón armado, se levantan las cuatro torres, que conforman un conjunto que tiene gran visibilidad en el paisaje. Una imagen tecnológica donde el hierro es protagonista y que dinamiza una urbanización con gran futuro.
143 unidades que proponen un equilibrio entre el edificio y la vivienda particular, buscando las ventajas de ambas tipologías. La comodidad de un conjunto con servicios y el sentido de pertenencia de una casa propia. Un proyecto que apunta a establecer un modo de vida distinto y a convertirse en marca.